Mangoré: la estación ferroviaria perdida que aún resiste en el corazón de Santa Fe

Mangoré. Pronunciar su nombre es como abrir una puerta antigua: el sonido invita, intriga y vibra con una fuerza que no se explica, se siente. Hay nombres que llaman, que empujan al viaje, que te obligan a ir. Y mientras preparo mi moto —La Demente— siento que Mangoré me susurra desde el corazón de los campos, reclamando una visita que se le debe hace décadas.
Hoy el viaje no es a un horizonte lejano ni a una ruta infinita. Hoy el viaje es hacia adentro: hacia una estación ferroviaria olvidada, escondida entre árboles, quieta en su propio silencio. Mangoré espera como esperan los lugares que todavía tienen algo para decir, aunque ya nadie se detenga a escucharlos.
Un viaje en moto hacia un lugar detenido en el tiempo

Los primeros metros me recuerdan que cada viaje deja cicatrices. La cubierta trasera de La Demente arrastra un tajo irreparable, un parche atado a la esperanza de un gomero que dijo que era suficiente “para andar por acá”. Nunca explicó hasta dónde llega ese “acá”, pero hoy se lo voy a descubrir.
El motor ronronea y me dejo tragar por los caminos rurales. Siempre hay un instante mágico, justo antes de que el viaje agarre ritmo, donde todo parece posible. En ese instante entiendo que Mangoré no es un destino: es una excusa para volver a escuchar la voz de la tierra.
Los caminos del departamento Castellanos, Santa Fe, hablan bajo. Sus casas abandonadas, sus molinos inclinados, sus puentes silenciosos… todo parece contar la misma historia: la de un tiempo que sigue vivo, aunque nos empeñemos en olvidarlo.
Cómo llegué a Mangoré: caminos rurales, campos y un monte de eucaliptus

Un giro inesperado me regala la primera señal. En el horizonte, un monte de eucaliptus aparece donde antes solo había campo. Me acerco. El aire huele a madera recién cortada. Levanto la vista y confirmo lo que mi intuición ya sabía: detrás de ese muro verde, oculto como un secreto de familia, está Mangoré.
Acelero. El sendero de dos huellas se transforma en carretera. Cada metro es un latido. La moto parece flotar mientras me acerco a una escuela rural, a una casona vieja que observa sin intervenir. Todo indica que estoy cerca… pero la estación sigue jugando a esconderse.
Hasta que, finalmente, se deja ver.
Una abertura entre los árboles revela, a unos cien o doscientos metros, una sombra rectangular, hundida mitad en la tierra, mitad en el recuerdo. Mangoré.
Freno. Salto el boyero como cuando era chico. Camino por un sembrado que cruje bajo mis botas. Y ahí está: sola, quieta, herida, pero digna. Sin boliche, sin gente, sin ruidos. Solo estación, cielo y eucaliptus.
La historia de la estación Mangoré: origen, caciques y la línea Mitre

Mangoré nació en 1912, como parte de la línea Mitre. Fue nombrada en honor a un cacique, símbolo de resistencia, de raíz profunda, de territorio.
La estación formaba parte del entramado férreo que unió pueblos que hoy ya ni figuran en los mapas del celular. Entre Los Sembrados y Garibaldi, Mangoré fue escenario de encuentros y despedidas, de cargas y esperanzas.
Su historia se parece a la de tantas otras estaciones del interior santafesino —como Estación Gessler— que fueron la columna vertebral de un país que soñó con la modernidad. Lugares donde el hierro fundó pueblos, donde el humo escribió capítulos, donde el sonido del tren marcó la hora exacta de la vida cotidiana.
Hasta que un día alguien decidió que ya no eran necesarias.
Plan Larkin: el día que miles de estaciones quedaron en silencio
En 1962, Mangoré fue dada de baja por el famoso Plan Larkin. Un ingeniero estadounidense, Thomas B. Larkin, fue contratado con apoyo del Banco Mundial para “modernizar” el sistema de transporte argentino. Su propuesta fue simple y devastadora: cerrar 15.000 kilómetros de vías “improductivas” para promover las rutas y el transporte automotor.
Miles de pueblos perdieron su identidad en un solo trazo de lápiz.
Mangoré fue una de las víctimas silenciosas. Sus vías dejaron de cantar. La gente dejó de venir. Los trenes dejaron de ser el pulso de la región. El país se movió hacia adelante, sí… pero muchas estaciones quedaron atrás, convertidas en escombros de memoria.
Qué queda hoy en Mangoré: memoria, abandono y poesía férrea

La estación quedó en pie. Herida, pero en pie. Las aberturas fueron arrancadas por manos anónimas, el techo mira al cielo con una nostalgia que se puede tocar. Pero la estructura resiste.
Durante años, un hombre —el señor Ayala— vivió en ella. La cuidó, crió animales a su lado, espantó curiosos y protegió la estación casi como si fuera parte de su familia. Cuando él faltó, Mangoré quedó sola otra vez… sola pero no abandonada.
Hoy la cuidan los vecinos de la colonia. No permiten que caiga. No permiten que desaparezca. Mangoré es parte de ellos, como lo es el aire, el campo, el silencio del atardecer.
Y eso se siente apenas uno pisa su andén.
El guardián de la estación y la lucha por mantener viva su historia

Las estaciones abandonadas suelen romperse en dos destinos: ruina o olvido. Mangoré eligió otro camino: la resistencia silenciosa.
El legado del señor Ayala todavía flota en el aire. Su presencia se percibe en la prolijidad del terreno, en la forma en que las paredes siguen completas, en la calma que rodea la construcción como un abrazo antiguo.
Mangoré no quiere desaparecer.
Mangoré quiere que alguien la mire y entienda.
Viajar por Santa Fe en moto: rutas, sensaciones y memoria viva
El viaje hasta Mangoré no es solo geografía: es estado emocional. Es escuchar el motor como un mantra, sentir la tierra respirando, dejar que los caminos hablen. En moto, estas rutas rurales son más que tierra y piedras: son puentes hacia un pasado que todavía palpita bajo los pastos.
Cuando termino mi visita y camino de vuelta hacia La Demente, entiendo que Mangoré me dio más de lo que vine a buscar. No encontré todas sus historias; fueron ellas las que me encontraron a mí.
Arranco. El motor despierta.
El viento me golpea la cara con un mensaje claro:
Los lugares olvidados no están vacíos; están llenos de lo que fuimos.
Mangoré queda atrás, pero también viene conmigo.
Se aloja en la vibración del motor, en el perfume del campo, en cada curva del camino.
Viajar es eso: llevar adentro los sitios que te hablan.
Y Mangoré habla.
Ubicación exacta de Mangoré: dónde está y cómo encontrarla
📍 Departamento Castellanos, Santa Fe
Mangoré se ubica:
- Al norte de Colonia Margarita
- Al sur de Estación Clucellas
- Entre los antiguos ramales que conectaban Los Sembrados y Garibaldi
Quien quiera llegar deberá buscar ese monte de eucaliptus que se recorta en el horizonte. Detrás de él, casi escondida en su propio sueño, la estación espera.
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